LA INMORALIDAD DE NUESTRA POLÍTICA
Cuando veo, escucho o leo las declaraciones de los líderes de muchos de los partidos políticos criollos pienso que estos dirigentes no se han dado cuenta que van caminando desnudos, que su momento histórico ya pasó y que Chile y el mundo cambiaron de modo irreversible. Hicieron su aporte pero actualmente su real politique y sus conductas, impuestas mediantes partidos muchas veces vaciados de ideas y militantes, me hacen sentir cómplice de un sistema político y económico también demasiadas veces desigual, injusto, excluyente y entonces envuelto en axiomas políticos profundamente agresivos y paranoicos. Y como no estar disconforme con lo anterior cuando he visto que la desigualdad social, la exclusión cultural y el individualismo exacerbado son los nuevos becerros de oro de la sociedad moderna.
Como a muchos chilenos me perturba la injusticia. Que unos tengan mucho y que otros tengan miserablemente poco es un dato inaceptable pero que desde el Estado no se pueda abordar el asunto con urgencia y radicalidad me indigna. Mientras Morin a sus 27 años viaja por el mundo, tiene auto y departamento propio a sus 18 años sin haber trabajado aún y todo gracias a su apellido, Giannina con 25 años llora por que no tiene plata para pagar la Universidad porque a su mamá no le alcanza con lo que vende en la feria de La Ligua.
¿Es justo? Cuándo el único pecado de ambas fue nacer en lugares distintos. No es un problema de suerte, tampoco creo que una divinidad castigue o premie con riquezas, aquí existe un problema de desigualdad social en el origen y en el desarrollo de cada uno de nosotros. Si los que tienen mucho se comprometieran políticamente con una sociedad más justa y solidaria que redistribuyera las oportunidades, los ingresos y el poder, con arreglo al trabajo de todos, se podría doblegar el destino de nacer ricos y pobres y vencer así al determinismo social.
Mientras tanto los líderes partidarios cada vez dicen menos y más se pelean más entre sí, por razones cada vez más incomprensibles e injustificadas.
Por una parte entonces, algunos liberales de derecha muy respetables proponen soluciones desoídas por otros miembros del conservadurismo que lidera su sector en el Congreso, éstos últimos dicen en tono caricaturesco que el socialismo empobrece y disminuye los ingresos de todos. Esto no sólo es una falacia sin sentido, sino que censura por la vía de la denigración de ideas ajenas a los que queremos que el Estado garantice derechos que vayan más allá de la condición de clases y asegure la igualdad de la razón. Que Morin siga viajando por el mundo, es algo que no está en el deseo de ninguno de nosotros impedir, es más, quisiera que pudieran hacerlo muchos en las comunas que represento. El problema no está en los privilegios de unos sino en la exclusión social que representa el que uno pocos tengan mucho y que muchos no tengan nada, eso es inmoral, anti-ético y a lo menos aberrante. El promedio de la fuerza del puente no es el promedio de la suma de la robustez de sus pilares sino que se mide por el pilar más débil.
Por otra parte la Concertación de la transición, esa que le temía a Pinochet, a la desestabilización y que estaba obsesionada con los éxitos macro económicos necesita reinventarse, reforzar su agenda progresista y solidaria, que ponga en el centro de su accionar la creación de un modelo social de derechos que satisfaga las necesidades de las personas de todos y de todas, permitiendo el éxito económico de la todos, pensando en que la injusticia biológica de nacer ricos o pobres puede ser contrastada con una política de cohesión social más potente.
(Morin y Giannina son nombres de fantasía, cualquier cercanía con la realidad es sólo una mera coincidencia)