Los trajes de baño Presidencial


Las fotos de la Presidenta despiertan nuevamente un debate latente, urgente y trascendente respecto del derecho a la vida privada de todos, de autoridades y simples ciudadanos. Sostengo que toda persona tiene derecho a una vida privada, tanto Rockefeller como Rupertina.


Sí sostengo que cuando una figura pública crea interés público sobre su vida privada para lucrar, defender posiciones públicas o simplemente construir activos comunicacionales, creo que esa persona debilita su derecho a reclamo sobre su vida privada. Es el caso de Cecilia Bolocco y las fotos que conocimos hace un tiempo en revistas de farándula.


En el caso de la Presidenta creo que son fotos inoportunas, que satisfacen boyeritas pero no son parte de un interés público, los Presidentes y electores tienen derecho a una vida privada. Por otra parte es bueno aprovecha de subrayar que en Chile la legislación sigue siendo precaria sobre el asunto, desde los años 90 no se ha modernizado la legislación que afecta dos bienes jurídicos, el acceso a información y libertad de expresión.


Marco Enríquez-Ominami G.


“Estas restricciones resultan inquietantes porque es una parte de la clase política- la misma que intenta, positiva y aceleradamente transparentar sus actividades, sus conflictos de intereses y sus prácticas, votando leyes de la agenda de transparencia y probidad de la actividad- la que prohíbe mostrarlo todo en diálogos, a veces de interés trascendente”

Censura sutil
El poder fiscalizador de una cámara de TV

Los últimos debates televisivos en Estados Unidos hacen palpable en las esquinas de nuestras piezas la mala conciencia con que la clase política criolla enfrenta sus propios debates políticos exhibidos por televisión. El debate del veterano de guerra versus el hombre de color, como nombran los franceses a los que no son blancos, revela entre otras cosas la infinita opacidad de los debates presidenciales nacionales y de los que difunde el Canal de la Cámara de Diputados. En ambas vitrinas políticas en los últimos 4 años han estado prohibidos los contra planos -las tomas de reacciones de quienes escuchan o de quien habla desde otro ángulo que el frontal- es decir la clase política ha desarrollado algo distinto a la televisión más cercano al teatro, desterrando así el elemento inmanente al lenguaje televisivo, el más trascendental de todos los recursos: el contra plano.
Los comandos electorales de los candidatos presidenciales y a su vez el reglamento del canal de la Cámara tienen prohibido o al menos en un desuso preocupante ese elemento de la escritura televisiva que es el contra plano. Se privilegia el plano general de un decorado, que en Chile casi siempre es el resultado de la política de ahorro de algunos ejecutivos de turno y que alcanza los podios y micrófonos televisivos. Habitualmente, el plano medio se usa para mostrar la seriedad del candidato, el primer plano para recordarnos que el debate tiene un director que algo de interés tiene en el tema y el contra plano se usa para recordarnos que todo es real, que no es un comercial o parte de la franja política, en el fondo que no es publicidad y menos relaciones públicas. Pero en la elite de nuestra clase política existe la convicción de que el contra plano debe prohibirse porque, a juicio de los comandos electorales las audiencias no serán capaces de editorializar ni digerir un bostezo, una mirada crítica, una sonrisa cínica ante alguna demagogia imperial del contendor que se expresa.
Estas restricciones resultan inquietantes porque es una parte de la clase política- la misma que intenta, positiva y aceleradamente transparentar sus actividades, sus conflictos de intereses y sus prácticas, votando leyes de la agenda de transparencia y probidad de la actividad- la que prohíbe mostrarlo todo en diálogos, a veces de interés trascendente. Algunos Diputados hemos presentado propuestas para reinstalar el sentido común televisivo, incluso pensando no sólo en la necesidad de un mayor escrutinio público, sino que en nuestra propia conveniencia, puesto que al mejorar la calidad de los planos, de la información, de la dramaturgia del debate, entonces también aumentaremos, quizás, el rating y la participación del público será una aspiración no utópica.
Desgraciadamente, nuestras mociones han sido ignoradas en su momento y hasta el día de hoy se perpetúa la restricción en los debates en nuestro propio medio de comunicación, en nuestra vitrina institucional- como es el canal de la Cámara de Diputados.
Lo anterior resulta preocupante si se considera que la clase política a la que pertenezco, fiscalizadora también a veces, no se someta a la lupa de la televisión, el medio más apreciado por los chilenos.
En resumen: no me parece que en los debates presidenciales, es decir cada 4 o 6 años, comandos electorales paranoicos impongan reglas anti televisivas y que algunos canales de televisión acepten omitir a elementos del lenguaje televisivo como son los ángulos de cámara, tan significativos como pueden serlo una palabra o una frase. Los poderes del Estado, no debieran por omisión, acción o desconocimiento del tema, diariamente recurrir a este tipo de censura sutil e inaceptable.

Marco Enríquez- Ominami Gumucio
Diputado de la República
Director de Televisión
LA INMORALIDAD DE NUESTRA POLÍTICA

Cuando veo, escucho o leo las declaraciones de los líderes de muchos de los partidos políticos criollos pienso que estos dirigentes no se han dado cuenta que van caminando desnudos, que su momento histórico ya pasó y que Chile y el mundo cambiaron de modo irreversible. Hicieron su aporte pero actualmente su real politique y sus conductas, impuestas mediantes partidos muchas veces vaciados de ideas y militantes, me hacen sentir cómplice de un sistema político y económico también demasiadas veces desigual, injusto, excluyente y entonces envuelto en axiomas políticos profundamente agresivos y paranoicos. Y como no estar disconforme con lo anterior cuando he visto que la desigualdad social, la exclusión cultural y el individualismo exacerbado son los nuevos becerros de oro de la sociedad moderna.
Como a muchos chilenos me perturba la injusticia. Que unos tengan mucho y que otros tengan miserablemente poco es un dato inaceptable pero que desde el Estado no se pueda abordar el asunto con urgencia y radicalidad me indigna. Mientras Morin a sus 27 años viaja por el mundo, tiene auto y departamento propio a sus 18 años sin haber trabajado aún y todo gracias a su apellido, Giannina con 25 años llora por que no tiene plata para pagar la Universidad porque a su mamá no le alcanza con lo que vende en la feria de La Ligua.
¿Es justo? Cuándo el único pecado de ambas fue nacer en lugares distintos. No es un problema de suerte, tampoco creo que una divinidad castigue o premie con riquezas, aquí existe un problema de desigualdad social en el origen y en el desarrollo de cada uno de nosotros. Si los que tienen mucho se comprometieran políticamente con una sociedad más justa y solidaria que redistribuyera las oportunidades, los ingresos y el poder, con arreglo al trabajo de todos, se podría doblegar el destino de nacer ricos y pobres y vencer así al determinismo social.
Mientras tanto los líderes partidarios cada vez dicen menos y más se pelean más entre sí, por razones cada vez más incomprensibles e injustificadas.

Por una parte entonces, algunos liberales de derecha muy respetables proponen soluciones desoídas por otros miembros del conservadurismo que lidera su sector en el Congreso, éstos últimos dicen en tono caricaturesco que el socialismo empobrece y disminuye los ingresos de todos. Esto no sólo es una falacia sin sentido, sino que censura por la vía de la denigración de ideas ajenas a los que queremos que el Estado garantice derechos que vayan más allá de la condición de clases y asegure la igualdad de la razón. Que Morin siga viajando por el mundo, es algo que no está en el deseo de ninguno de nosotros impedir, es más, quisiera que pudieran hacerlo muchos en las comunas que represento. El problema no está en los privilegios de unos sino en la exclusión social que representa el que uno pocos tengan mucho y que muchos no tengan nada, eso es inmoral, anti-ético y a lo menos aberrante. El promedio de la fuerza del puente no es el promedio de la suma de la robustez de sus pilares sino que se mide por el pilar más débil.

Por otra parte la Concertación de la transición, esa que le temía a Pinochet, a la desestabilización y que estaba obsesionada con los éxitos macro económicos necesita reinventarse, reforzar su agenda progresista y solidaria, que ponga en el centro de su accionar la creación de un modelo social de derechos que satisfaga las necesidades de las personas de todos y de todas, permitiendo el éxito económico de la todos, pensando en que la injusticia biológica de nacer ricos o pobres puede ser contrastada con una política de cohesión social más potente.

(Morin y Giannina son nombres de fantasía, cualquier cercanía con la realidad es sólo una mera coincidencia)